Durante la semana, todos los días tuve un mensajito de Sal deseándome buen día o preguntándome qué tal la tarde. Además, por las noches hablábamos por el messenger donde se refería a mí con palabras tipo pichurri, pitufiña, que me dejaban cuando menos pensativa. Vamos, que lo veía yo muy lanzado.
El viernes tuve mi segunda cita en persona. Vino a recogerme a casa y nos fuimos a tomar algo a un sitio tranquilo. Los dos queríamos hablar sin que la música o el ruido nos molestase.
La conversación surgió con naturalidad. A mí me llama mucho la atención su pasado de cura y a él le gusta hablar de ello, ese fue uno de nuestros temas. Pero no sólo habló él de su vida, yo también hablé de la mía, recordando a mi madre no pude evitar las lágrimas y Sal cogió mis manos entre las suyas.
Salimos de la cafetería y estuvimos dando un paseo sin saber muy bien a dónde ir. Era la una de la madrugada y dije de irnos. Me llevó hasta casa en su coche, seguimos hablando y en un momento dado, puso su mano en mi rodilla y mis piernas empezaron a temblar. De nerviosismo, porque no sabía qué camino iba a tomar aquello. Me preguntó que por qué temblaban y al decírselo su respuesta fue que no tenía por qué ponerme nerviosa, que le gustaba tocar a la gente, que era una señal de confianza y de estar muy a gusto conmigo.
Seguimos con la charla, en el coche y salió el tema de su salida del clero. Estaba destinado en un pueblo pequeño y en seguida se empezó a comentar de si era porque ya tenía hijos o que si había dejado a una chica embarazada. Ese pueblo al que estaba destinado está relativamente cerca de mi pueblo por lo que yo había oído hablar de él como cura, es más, una amiga de mi hermana es de allí y hace ya mucho tiempo, estando yo con ellas dos, habló del cura de su pueblo que se salió de cura y que se fue con una feligresa. Se lo dije, se puso todo serio y me empezó a contar: esa chica existe aunque no es la causa de su salida del clero, empezó a salir con ella dos años después, estuvieron cinco años de novios y uno viviendo juntos, hasta el pasado mes de agosto.
Me contó todo esto por temor a que me enterase de algo por la amiga de mi hermana porque se dieron un tiempo para pensar y si hablase con esa chica me diría que siguen saliendo juntos, porque "oficialmente" nadie sabe de sus problemas.
¿Cómo lo veis? Yo bastante borroso. Me di cuenta que soy muy seria con estos temas amorosos porque yo, teniendo una historia sin acabar no se me ocurre usar nombres cariñosos ni tocar la pierna a nadie porque puede dar lugar a equívocos y no me gusta engañar a la gente.
El viernes tuve mi segunda cita en persona. Vino a recogerme a casa y nos fuimos a tomar algo a un sitio tranquilo. Los dos queríamos hablar sin que la música o el ruido nos molestase.
La conversación surgió con naturalidad. A mí me llama mucho la atención su pasado de cura y a él le gusta hablar de ello, ese fue uno de nuestros temas. Pero no sólo habló él de su vida, yo también hablé de la mía, recordando a mi madre no pude evitar las lágrimas y Sal cogió mis manos entre las suyas.
Salimos de la cafetería y estuvimos dando un paseo sin saber muy bien a dónde ir. Era la una de la madrugada y dije de irnos. Me llevó hasta casa en su coche, seguimos hablando y en un momento dado, puso su mano en mi rodilla y mis piernas empezaron a temblar. De nerviosismo, porque no sabía qué camino iba a tomar aquello. Me preguntó que por qué temblaban y al decírselo su respuesta fue que no tenía por qué ponerme nerviosa, que le gustaba tocar a la gente, que era una señal de confianza y de estar muy a gusto conmigo.
Seguimos con la charla, en el coche y salió el tema de su salida del clero. Estaba destinado en un pueblo pequeño y en seguida se empezó a comentar de si era porque ya tenía hijos o que si había dejado a una chica embarazada. Ese pueblo al que estaba destinado está relativamente cerca de mi pueblo por lo que yo había oído hablar de él como cura, es más, una amiga de mi hermana es de allí y hace ya mucho tiempo, estando yo con ellas dos, habló del cura de su pueblo que se salió de cura y que se fue con una feligresa. Se lo dije, se puso todo serio y me empezó a contar: esa chica existe aunque no es la causa de su salida del clero, empezó a salir con ella dos años después, estuvieron cinco años de novios y uno viviendo juntos, hasta el pasado mes de agosto.
Me contó todo esto por temor a que me enterase de algo por la amiga de mi hermana porque se dieron un tiempo para pensar y si hablase con esa chica me diría que siguen saliendo juntos, porque "oficialmente" nadie sabe de sus problemas.
¿Cómo lo veis? Yo bastante borroso. Me di cuenta que soy muy seria con estos temas amorosos porque yo, teniendo una historia sin acabar no se me ocurre usar nombres cariñosos ni tocar la pierna a nadie porque puede dar lugar a equívocos y no me gusta engañar a la gente.
