viernes, 13 de noviembre de 2009

Y sino, aliada

Como dije en mi entrada de ayer, mi madre era profe y también fue mi profe. Hasta 5º de EGB era maestra en una escuela unitaria, que para quien no lo sepa, era una escuela donde estábamos todos los niños en una misma clase (desde parvulitos hasta 8º) y con una misma maestra que nos daba todas las asignaturas.

La escuela se cerró y mi madre y todos los niños nos fuimos a un grupo escolar donde ya estábamos repartidos por cursos y teníamos más de un profe.

Lo de que tu madre sea tu profe era un poco rollo, no sabía cómo tratarla (hace 25 años tratábamos a los profes de usted), no sabía cómo llamarla (profe, mamá, doña M, porque sí, los niños llamábamos a los profes don y doña).

Así que cuando nos fuimos para el nuevo cole estaba contenta, iba a tener otra profe, doña Isabel. Era una gran profe, sacó de mí muchas cosas buenas, escribía cuentos y poesías con los que gané algún premio, peleó para que dibujase,... Doña Isabel era "aliada", así era como mi madre definía su situación; era monja aunque no estuviese en un convento ni vistiese hábito.

Hoy me la encontré por la calle. Desde hace unos años cada vez que me la encuentro me hace proposiciones para que vaya a sus reuniones, para que forme parte de grupos católicos,... Y eso a pesar de que ya en otra ocasión me preguntó si estaba en mi mente formar una familia o si sentía que Dios me llamaba. Evidentemente le dije que quería formar una familia pero sigue sondeándome cada vez que me ve. O sola o con mi hermana. ¿Qué puede pensar ella? Nunca me vio con mi madrileño, si ella supiera... Menuda aliada sería yo.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Ahí, ay, hay

Siempre escribí sin faltas de ortografía y es algo en lo que me fijo. Ya desde pequeña. Con 11 ó 12 años mi madre, que era profe de Lengua, me dejaba corregir las faltas de ortografía de los exámenes o trabajos. Más tarde, en 1º de BUP, tuve un profe que era muy exigente con la ortografía y con el que no tuve problemas. Hoy, leyendo una frasecita de las que se ponen en el messenger para comentar tu estado, con faltas (y no era mi madrileño), me vino a la mente una frase que decía para distinguir entre ahí, ay y hay: "Ahí hay un hombre que dice ¡ay!"

Veamos:
  • Ahí: adverbio de lugar.
  • ¡Ay!: exclamación.
  • Hay: del verbo haber.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Procrastinación

Este era el aspecto de mi armario hasta esta tarde. ¿Cómo podía alguien (yo) encontrar algo para ponerse? Difícil. Ropa de invierno y verano mezclada, ropa de deporte,...

Llevo como dos meses, o quizás todo el verano diciendo que tengo que arreglar el armario y por fin esta tarde lo ordené.

¿Y cómo si llevo dos meses en paro no lo hice antes? Pues... ya lo haré mañana. Eso tiene un nombre (raro) PROCRASTINACIÓN: acción o hábito de aplazar situaciones que uno debe atender por otras más irrelevantes y agradables.

Si es que ya nos dicen desde pequeños: "No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy", pero oye, soy procrastinadora en casi todos los aspectos de mi vida, si hasta empecé a andar con 18 meses.

Echando un ojo a lo que se dice en Internet sobre la procrastinación ya me está preocupando. "La procrastinación como síndrome que evade responsabilizarse posponiendo tareas a realizar, puede llevar al individuo a refugiarse en actividades ajenas a su cometido. La costumbre de procrastinar, si bien no se ha demostrado cabalmente, puede generar dependencia de diversos elementos externos, tales como navegar en internet, leer libros, salir de compras, comer compulsivamente, o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral, entre otras, como pretexto para evadir alguna responsabilidad o decisión." Wikipedia dixit.

Qué peligro! Me veo reflejada en algunas cosas. Pero bueno, no nos asustemos, organizar la agenda, programarse y establecer prioridades son las claves para superar la procrastinación y comenzar a superar nuestras inseguridades.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Conversación post-carta

Ayer, por fin, después de mucho pensármelo, aprovechando que mi madrileño me habló por el messenger le hablé de la carta.
  • Yo: Te escribí una carta, bueno, un mail, ¿quieres que te lo mande?
  • Mi madrileño: Sí, claro. (Después de 10 minutos) Gracias.
  • Yo: No tienes porqué dármelas.
  • Mm: Bueno, ahora no sé si te las tengo que dar o no.
  • Yo: Pues no sé, no sé si algo te parece mal o qué.
  • Mm: Es que no estoy para pensar mucho ahora.
  • Yo: No pasa nada, no tienes que decirme nada si no quieres.
  • Mm: He estado muy agusto y me arrepiento de tantas broncas.
  • Yo: ¿Broncas?
  • Mm: Tampoco era quien para echarte tantas broncas.
  • Yo: Pues no las recuerdo. no te arrepientas, yo no me quedo con esa sensación, no eran broncas, por lo menos yo no lo vi nunca así. Creo que eran consejos, por lo menos yo me lo tomé siempre así.
  • Mm: Bueno, me alegro. Y no me costaba nada ir a verte, en absoluto, y este mes de agosto he estado acostándome a las tres de la mañana y me daba rabia ir a verte y estar que no me tenía en pie.
  • Yo: Lo sé, me lo decías y tampoco te lo eché en cara ni quiero echártelo. Creo que por algún lado tenía que flaquear la cosa.
  • Mm: Pues sí, pero eso te ha ayudado a tomar la decisión, no?
  • Yo: En cierta forma sí.
  • Mm: Pero por qué?
  • Yo: Porque creo q tú eres así, que quieres atender a muchas cosas a la vez y yo sufría por ver q estabas tan cansado.
  • Mm: Pero no tiene que ver una cosa con otra.
  • Yo: Ya, pero tú eres así, no vas a cambiar.
  • Mm: No, no lo creo, si tú hubieras estado aquí, piensas que hubiera hecho lo mismo???
  • Yo: Quiero creer que no.
  • Mm: Aah, vale. No sé, no te puedo decir otra cosa. Me da mucha pena pero es que no puedo hacer otra cosa sinceramente y entonces intento olvidarlo.
  • Yo: Normal. Yo también estoy más tranquila. Y bueno, te escribí la carta no sé pq, un poco pq supieras lo q pensaba.
  • Mm: Me parece bien. Pero al final pasabas de mí. Y el fin de semana ahí no me gustó mucho, parece que querías que fuera para que viera.
  • Yo: Qué??? Pues claro que me apetecía que vinieras. Y no te obligué, creí q a ti tb te apetecía venir. Simplemente q eran las fiestas y a mí claro q me apetecía estar contigo en ellas.
  • Mm: Sí, pero no debería haber ido. Ya da igual.
  • Yo: Pues sí que no entiendo. ¿Pasé de ti estando aquí?
  • Mm: Que no, estabas igual que siempre, no sé, igual un poco más distante, con desgana.
  • Yo: Ese fin de semana precisamente no, estaba encantada. Y no era eso precisamente lo q pensaba, pensaba q me estaba enamorando otra vez, eso era lo q pensé esa noche. El año anterior en las fiestas salí y a las 3 me tuve q ir llorando para casa pq echaba de menos q no estuvieras a mi lado y este año te tenía, estaba encantada. A mí si me chocó q vinieras pensando en dejarlo.
  • Mm: No sabía, pero ya viendo la cosa, me tuve que hacer a la idea.
  • Yo: Bueno, mira, da igual, pero yo no considero q estuviera distante contigo esa noche, ya te digo, estaba encantada. En otros momentos puede ser, pero esa noche no.
  • Mm: Olvídate de esa noche, no sé, sería mi imaginación.
  • Yo: Es que de verdad que no, por eso que no entiendo.
  • Mm: No te preocupes, no pasa nada, de verdad, que a lo mejor son cosas mías.
  • Yo: Pues no sé, no me gusta que te quedes con esa impresión, pero bueno, qué le voy a hacer. Venga, guapo, yo me voy para camita. (Si es que son las 00:50, este hombre sigue como siempre sin descansar, que se vaya para cama por favor, me gustaría seguir hablando de la carta pero es que... no quiero ser yo la que lo entretenga)
  • Mm: Venga, ya hablamos otro día.
Puede que sea un poco larga la conversación pero la guardé porque me apetece saber exactamente lo que me dijo.

viernes, 30 de octubre de 2009

La carta

Esta es la carta que le quiero mandar a mi madrileño. No pude evitar llorar cuando la escribía. Supongo que es normal.

Esperaré a mandársela. Ahora viene el fin de semana e igual no es oportuno. ¿Qué os parece, fieles lectores?


¿Qué tal? ¿Cómo te va todo?
Supongo que te sorprenderá recibir noticias mías por mail pero me apetece hacerlo. Ya cuando estuviste aquí te dije que me costaba decirte todo lo que pienso y que prefería decírtelo por escrito. Ahora, con el tiempo, tengo también todo más claro y puede que sea el momento. Escribo esto sin ningún rencor hacia ti.

La distancia es dura y muy culpable de nuestra ruptura. Estoy muy apegada a mi tierra y a mi familia como tú sabes y aunque mi deseo era estar contigo no podía ni quería dejar de lado todo esto. Como creo que te dije nunca dudes de todo lo que te quise, mucho, ni de que no pensara estar más tiempo contigo, me encantaba la idea de tenerte a mi lado todos los días. Pero, ¿cómo?, yo necesito estar por mi casa si no todos los fines de semana sí cada dos. Y en vacaciones por supuesto. Madrid no está cerca. Son 500 km. Nunca fui tan consciente de que era un obstáculo la distancia hasta que me planteé irme.

El verano fue muy duro para mí. Sabía que en septiembre se acababa mi contrato, ¿y después?, ¿qué rumbo tomar?, ¿dónde buscar otro trabajo?

Poco a poco fui notando que algo me separaba de ti. Sufría por ti. Te imaginaba a mediodía, con el calor que hace ahí, corriendo de un lado para otro, todo el día trabajando. Y llegaba la noche, hablábamos, tú cansado. Normal. Y te acostabas tarde, con lo cual tu cansancio se iba acumulando. Y yo sufría porque no te quería ver así, sin que le pusieras remedio. Y aunque te decía que te acostases pronto, que descansases, no lo hacías, quizás porque no sabías todo lo que yo estaba pensando. Sabes que no es mi estilo echar broncas ni enfadarme. Lo sufría en silencio, pero todo esto me iba alejando de ti.

Te veía tan cansado que me parecía que lo que tenías que hacer el fin de semana era dormir, descansar, no quedar conmigo. Por eso esperaba dos horas en Arévalo sin decirte cómo me haces esperar tanto, porque me apetecía verte y porque pensaba que para ti tenía que ser un "sacrificio" después de tu semanita, coger el coche y venirme a ver. Recuerdo un mensaje que te mandé el segundo día que nos vimos, en Astorga, donde te decía que por uno sólo de tus abrazos había merecido la pena el viaje. Y así siguió siendo. Por uno sólo de tus abrazos iba a verte.

Llegó un momento en que no podía más, yo también estaba cansada aunque no trabajase ni la décima parte que tú. Mi cabeza pensaba demasiado y no encontraba una solución. Y te lo tuve que decir. El otro día me decías que por qué había tardado tanto en decírtelo. Porque te quería, porque me sentí más querida que nunca, por todo el amor que me dabas, por cómo me cuidabas, por miedo, porque quería encontrar una solución, porque no quería hacerte daño, por... tantas cosas.

La primera vez que te dije de dejarlo me preguntaste que quien me había ayudado a tomar la decisión. La tomé yo solita, me llevó tiempo, aún ahora muy poca gente sabe que lo dejamos, ¿para qué?, ya se enterarán, ya se lo diré. Enseguida me dirían de salir y no tengo aún ganas. Antes se tiene que cerrar la herida.

Otra cosa que me dijiste es si había alguien más, nunca lo hubo pero tú, no sé por qué, pensabas que sí. Pues no. Ni habrá por el momento. Tengo la herida reciente. Aún echo de menos tus abrazos.

Sabes que siempre me diste muy buenos consejos, que si la bolsita de agua caliente, que si camisetas para tapar los riñones, ... Mi gran consejo, con el que me gustaría que te quedases, es que descanses más. Ahora eres joven y aguantas pero puede que llegue un día en que tu cuerpo diga hasta aquí. A ver si eres capaz de cumplirlo. Yo ya sabes que el de las cenitas no soy capaz, es sólo una sugerencia.

Espero que no te ofenda esta carta. No es mi intención. Por todo lo que te quise y te quiero te deseo todo lo mejor. No tengo nada malo qué decir de ti. Eres muy buena gente, educado, guapo, cariñoso, atento, amable, ... Enseguida encontrarás "repuesto" si no lo encontraste ya. Yo espero no tardar otros 35 años en que alguien me abrace.

Te quiero. Siempre estarás dentro de mi corazón. Y espero que por todo el cariño que nos tuvimos podamos seguir conservando una amistad.

Más messenger

Mi madrileño sigue entrando en el messenger muy a menudo. Y yo estoy como no conectada viendo sus idas y venidas. Ayer, a la 1:40 de la madrugada seguía conectado y... (una que es débil) no pude aguantarme sin hablarle:
  • Yo: Venga pa camita!! (Si van a ser las 2 de la mañana y a las 7 te levantas!!)
  • Mi madrileño: ¿Qué tal? Me voy ya.
  • Yo: Nada, voy a cerrar esto ya, que ya acabó Gran Hermano. (Sí, veo GH, desde siempre, me gusta, aunque mucha gente no lo entiende)
  • Mm: Ahh. Bueno, y qué tal?
  • Yo: Pues aquí andamos, tirando. ¿Y tú qué tal?
  • Mm: Aquí, también tirando. No me puedo quejar.
  • Yo: Bueno, no te entretengo. Otro día hablamos.
  • Mm: Como quieras. Chao, descansa.
  • Yo: Un beso. Ciao, ciao.
Hoy, a la 13:30 volvió a entrar en el messenger. Ayer, mi más antigua seguidora, Sara, me decía en un comentario que tal vez no busca a otra, que me busca a mí. Muchojose también me decía que no tenía por qué estar buscando a otra. Yo sigo pensando que sí. ¡Qué le voy a hacer! Me duele pero también sé que aunque me estuviera buscando a mí yo no le puedo corresponder. Estoy bien así. Volver sería alargar una situación que sólo me traía sufrimiento, angustia, ansiedad. De todos modos estoy pensando en escribirle algo para que sepa todo lo que pienso. Os lo haré saber.

jueves, 29 de octubre de 2009

Llamadas (inexistentes)

Desde el puente del Pilar en que lo dejamos mi madrileño y yo (¿nos dejamos?, ¿lo dejé?, ¿me dejó?, qué más da!) la primera semana lo llamaba todas las noches como de costumbre.


La última vez que hablé con él fue el sábado 17 de octubre. Esa vez me llamó él. A partir de ese día ni lo llamé ni me llamó. Sí hablamos otros dos días a través del messenger.

Yo siempre que estoy en el ordenador tengo el messenger "funcionando", pero como no conectada. Esto me permite por un lado saber quién entra y por otro hablar con quien yo quiera nada más. Mi madrileño lo sabe y antes, cuando estábamos juntos, si entraba siempre me hablaba, si no le hablaba yo.

Este lunes me habló:
  • Mi madrileño: Buenas, estás?
  • Yo: Hola, sí estoy. Qué tal?
  • Mm: Bien y tú?
  • Yo: Bueno, a veces bien y a veces mal.
  • Mm: Jo, ¿no te han llamado de las listas? (Serás..., estoy mal por nuestra ruptura, porque aún está reciente la herida y lo sabes. ¿Por qué quieres evitar el tema? Yo preferiría hablarlo aunque soy tan cobarde que no lo hago, puede que te esté pasando lo mismo)
  • Yo: No. (No puede ser, se está haciendo el sueco)
  • Mm: Y como van las listas? (Se reafirma, para él estoy mal porque no tengo trabajo, que también)
Conversación sobre su familia, sobre la mía, sobre el tiempo...
  • Yo: Bueno, voy a cerrar esto.
  • Mm: Venga, descansa, hablamos, vale. Besos. (Anda, hasta hoy no me di cuenta de eso de hablamos, mira, hice bien, guardar la conversación)
  • Yo: Y tú. Ciao ciao. Besos.
Esto fue el lunes y el resto de la semana Mm entró al messenger todas las noches. Ni le hablé ni me habló. Ayer entró a mediodía, cosa rarísima teniendo en cuenta lo apurado que anda siempre. Me dio la impresión de que está buscando "repuesto", una compañera de fin de semana. Antes entraba una vez a la semana, no más, y ahora tan a menudo...

Le deseo todo lo mejor, conmigo nunca se portó mal. Me duele que ande ya buscando a otra, si es que está. Yo aún tengo la herida sin cicatrizar. Aún echo de menos sus abrazos.