viernes, 4 de diciembre de 2009

Quiero verlo

Llevo unos días pensando en que me gustaría ver a mi madrileño. Este puente sería una fecha ideal. El lunes lo operaron de cataratas del segundo ojo. Lo llamé y estuvimos hablando un rato grande, contándome de su operación y preguntándonos de nuestras vidas. Estaba encantador y eso hizo que echara de menos sus abrazos, sus cariñitos.

Mi cabeza no para de dar vueltas a las diferentes posibilidades. ¿Cómo se lo digo? ¿Qué quiero decirle? Aquí, en confianza, os puedo decir que lo que quiero es pasar una noche más con él, pero claro, es muy fuerte decírselo así. Porque, a todo esto, lo que a mí me gustaría es que fuese como antes, abracitos, dormir juntos,... Teniendo muy claro que nada va a cambiar, es un hecho puntual porque nos apetece a los dos. ¿Y si se lo digo y no quiere?, ¿y si se lo digo y sí quiere?, ¿y si no se lo digo?

Si no se lo digo: es la parte más fácil. Me quedo con las ganas. Quizás sea lo mejor. ¿Para qué? Si quiero verlo es porque sólo pienso que actuaría como antes.

Si se lo digo y no quiere: me va a doler pero lo entiendo, sería revivir sentimientos que estamos intentando olvidar.

Si se lo digo y sí quiere: si quiero verlo es porque pienso sobre todo en que actuaría conmigo como antes. Pero, ¿y si nos vemos y está seco y cortante y ni siquiera quiere estar una noche conmigo? Me voy a llevar un chasco de narices.

Así, en este mar de dudas y de preguntas, me hallo. ¿Qué pasará? En principio, quiero decírselo el domingo para quedar el lunes, quizás demasiado apresurado. Y sino cualquier fin de semana.